Guerra, destrucción y un puñado de amigos

Los Reinos de Herion, la saga que escriben conjuntamente las autoras autopublicadas Caro Panero y Leo Ñañez, es una saga fantástica. Esto que digo puede parecer una obviedad, pero es necesario a luz de que el lector ocurrente que termine en este blog pueda hacerse a una mejor imagen de qué trata y cómo narra los sucesos.

No hay que pensar por la tangente: el género fantástico (o, más apropiadamente dicho, fantasy) arraiga en nuestra tierra trayendo muchísimas cosas que se heredan de los grandes maestros del género, principalmente sajones como Tolkien y Lewis que supieron bajar a tierra la vertiente épica, basándose en narraciones míticas de tierras imposibles donde cosas maravillosas le sucedían a gente como uno. Si, capaz que los animales hablaban o que había gente que podía vivir durante miles de años, pero en el fondo todo es muy humano y tangible, especialmente los conflictos que los protagonistas tienen que resolver.

Ahora bien: Los Reinos de Herion hereda, agarra y transforma muchos de estos elementos para su favor. Y en los dos libros que tienen por ahora publicados las autoras (La llave púrpura y El secreto del templo) no solo nos cuentan dos cosas diferentes sino que también son narradas de diferentes formas. Acá, una breve reseña de por dónde vienen los tiros en Herion.

Advertencia, contiene algunos spoilers menores

herion-negroLa llave púrpura

La primera entrega está contada de una forma curiosa y que compele al lector a continuar leyendo. Principalmente, porque gran parte del libro narra hechos que aparentemente son fugaces y de una importancia nimia, cuando en realidad nos están mostrando el revés de un guante. A ver, aclaro una cosa: cuando uno empieza a leer este tipo de obra, hay algunas presuposiciones que es válido hacer: éste va a ser el héroe de cuna pobre que se transforma a lo largo de la historia, ésta es la dama en apuros, aquel el mago que les dará la herramienta para sobrevivir a la aventura. Pero acá, las chicas usan un recurso interesante para mostrar la historia desde otra parte, empezando desde el punto de vista menos interesante que nos lleva a la luz de los hechos más importantes.

Para poner un poco en contexto: Herion es un continente con siete reinos, los cuales viven en una relativa paz entre ellos. Cada reino cuenta con una bendecida, una mujer que conserva lo que quedó de magia en el mundo después de que los hombres demostraran ser lo suficientemente irresponsables como para usarla libremente. Las bendecidas no pueden ser tocadas por ningún hombre vivo y su única función, aparentemente, es arreglar cualquier contratiempo que pueda tener el reino que les corresponde. Eso y formar una sucesora.

Fuera de Herion existe otro continente del que no sabemos mucho. Sabemos que es un continente oscuro, frío y alejado que está habitado por gente a la que específicamente se le despojó de magia y se los exilió. Digamos que es gente un poco resentida. También digamos que juran venganza a lo largo de los siglos. Y también digamos que encuentran un sucedáneo de la magia para reemplazarlo.

El nudo gordo de esta historia sucede con intrigas. Todo lo que podría decantar lógicamente en un combate cataclísmico (Los Reinos contra los invasores) no da lugar hasta que los Reinos están patas para arriba, con los invasores teniéndolos de la garganta. Para colmo de males, las bendecidas desaparecen, dejando a los Reinos solamente con su fortaleza militar (que no es poca) como única respuesta. Y el desconcierto siembra la duda: ¿Quién fue el que permitió que esto ocurriera? ¿De quién es la culpa?

Estilísticamente, la primera parte de La llave púrpura parece escrita de un tirón. Hasta más o menos la mitad del libro seguimos un mismo punto de vista, que nos va revelando datos como capas de una cebolla en un mundo extraño. Se nos presentan los móviles de cada uno de los personajes que participan de esta primera parte y aprendemos a odiar a Dragoslav, el mandamás de los invasores. La segunda parte es una presentación de tierras extrañas y culturas ajenas, cada una con leves referencias a culturas de la tierra. Hay una referencia a la arquitectura de las ciudades de cada Reino que marca las dimensiones físicas de una forma muy patente. También nos meten de a poquito en este concilio de urgencia que se invoca en uno de los Reinos, el que es más seguro y tranquilo por ese entonces. Como si fuera Rivendel, en Arcadia convergen muchos emisarios de los Reinos que pueden enviarlos (y los que no, llegan también). La llave nos da un gran pantallaza a un mundo en caos, donde las perspectivas son bastante malas, hay muchísimos muertos por todos lados y existe la necesidad de encontrar la solución a tanta muerte y violencia. Como decía antes, en este primer libro hay muchas características heredadas directamente de la tradición del género, como por ejemplo caracterizar a los invasores de una forma monstruosa y desalmada: no hay hombres buenos entre ellos y gran parte de la vanguardia está compuesta por criaturas inhumanas, formadas de la carroña y la carne de cañón de ambos ejércitos. Todo el tiempo hay una sensación de gigantismo narrativo que aguarda, porque La llave púrpura es, ante todo, introductoria. Y uno no puede sino agarrar el segundo libro para saber qué va a seguir sucediendo.

HERION-II-El-secreto-del-TemploEl Secreto del Templo

Este libro parece escrito con mayor dilación y planificación que el primero. Principalmente porque los hechos no nos son presentados de una forma tan lineal y categórica como en el primer libro. El grupo de guerreras, emisarias y participantes arriba Xiang, uno de los Reinos a los que la guerra todavía no llegó, en el medio de la intriga que amenaza con desbandar todo y las sospechas, fundadas principalmente en prejuicios, de los integrantes del grupo. Panero y Ñañez no nos presentan un grupo humano unido y feliz, sino que desde el primer momento la duda se presenta y se hace parte de ese conjunto de protagonistas al que seguimos.

Sin embargo, en esta entrega no nos quedamos siguiendo a los protagonistas. Pantallazas de hechos que suceden en otros lugares nos reclaman la atención y nos pican la curiosidad: en primer lugar, porque nos presentan a nuevos participantes de la historia, que le dan un color y una textura renovada, y en segundo lugar, porque las autoras nos van dejando información a cuentagotas sobre qué está pasando y por qué. El misterio y la intriga son el carrot on a stick que usan para llevarnos de la mano a ese mundo. El frente de guerra es un lugar ahora horroroso, y parece que ya no queda mucho espacio para que los Reinos puedan contraatacar (o siquiera sobrevivir). Tanto es así que en uno de los capítulos nos encontramos en una ciudad ocupada, llena de vendedores de muertos, hombres que recorren los campos de batalla buscando cuerpos usables para que los magos de los Atrianos puedan aprovecharlos.

La prohibición y el secretismo son recursos magnéticos muy llamadores. Si se nos dice que no podemos abrir una puerta, lo primero que pensaremos es en abrirla y lo segundo, qué habrá detrás para que se nos prohíba entrar. Ñañez y Panero se pasan este libro entero diciéndonos que no abramos esa puerta: o peor, se lo dicen a los personajes, provocando respuestas de su parte que hacen a la historia.

En este libro, también, se hace mucho más evidente una sensación que ya empieza en la primera entrega, que es la de estar viendo una serie animada o una película de Bruce Lee. Hay personajes que, por rasgos estéticos o actitudes a la hora de pelear, remiten a videojuegos o series de animes sin copiar a nadie, lo cual enriquece todavía más cómo los hechos fluyen a la hora de ser narrados. Agiornar un género a referencias contemporáneas es algo que siempre es valioso, porque significa que las autoras, más allá de tomar una base y crear un universo fantástico propio, le ponen una firma. Desde las relaciones interpersonales de los personajes a las culturas presentes y los hechos que se insinúan, El secreto del templo es un libro que cierra por todos lados, dejándonos con ganas de saber más sobre la historia global que de los protagonistas mismos. No hay un foco único de atención, un rasgo que se evidencia en muchos libros del género, y eso es genial.

No hay mucho más que agregar: Los Reinos de Herion da la sensación de que las autoras se guardan muchísimo contenido para ellas, que no pueden poner todo lo que quisieran en las páginas porque se adivina el gigantismo narrativo de Tolkien atrás, apadrinándolas: pero saben manejar bien la manija y dejarnos queriendo saber más sin que la falta de texto pese o decante el libro en algo aburrido o vacío. Una saga para leer en el colectivo o a la siesta, preferentemente con alguien que acompañe para poder compartir comentarios. Porque si algo está bien logrado en todos estos libros es ésa: la sensación de que los personajes están vivos y la están pasando bien o mal.

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