Es difícil poder describir con entereza los cuentos que componen a Cosmografía General, el libro editado por Ediciones Ayarmanot y que recoge antológicamente relatos de ciencia ficción de la mano de Laura Ponce. Difícil porque no es una antología homogénea ni lleva un hilo conductor más que pertenecer a la misma autora, o corresponderse de alguna forma con ese género tan vasto como es la ciencia ficción. También lo dificulta recoger obra durante mucho tiempo: a diferencia de cosechar lo que se escribe en un mismo momento, con una misma voz y una misma forma de ver el mundo, Cosmografía general es ambicioso en recoger cuentos escritos en diferentes períodos de la vida autoral de Laura, y esto se nota.

Extenderse es menester: Cosmografía cumple y muy bien con un nombre que, entendemos, no fue cuestión del azar. Si hay algo que se vuelve cada vez más difícil a medida que pasa el tiempo es poder encontrar un asidero al cosmos que cada autor genera desde su voz, desde su forma de entender la obra y el relato, desde la manera en la cual se plantean las miradas de sus personajes y los conflictos que se arrojan desde lo alto, para ver cómo se resuelven. Un escritor no es el mismo cuando comienza a escribir cuentos que cuando está terminando su cuarto libro, y su obra cambia con él ya que no se trata de una cuestión matemática intrínseca a la producción. La mutabilidad es el rasgo que se deja adivinar en este libro de búsqueda.

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Y, ¿por qué decimos que es un libro de búsqueda? Salta a las claras que los personajes de Laura están en la falta de algo que les ha sido arrebatado, o buscan no despertar a la bestia, pasar desapercibidos. No es algo que sea constante en cuanto al objeto que falta o que suple una necesidad, pero sí podemos decir que son relatos de exploración. Donde a veces el manto de la ciencia ficción más dura y fundamentada se mezcla con el abrigo sutil de una matriz blanda y acogedora, los personajes de Laura se nos muestran siempre humanos, irreversiblemente humanos. Su condición de seres que pueblan el imaginario de la razón y la emoción los sujeta de tal forma a su vida que logran hacernos detener dos segundos de más en cada escena, dos segundos que se transforman en un momento eterno. Y éste es un recurso fundamental: Ponce nos pasea por escenarios maravillosos dotados de un pragmatismo y una apertura a lo desconocido, lo cual invita a la exploración.

Quizás es necesario señalar que la ciencia ficción en Cosmografía general tiene más que ver con la inclusión de lo extraordinario que con una necesaria raíz cientificista en su factura. Hay rasgos reconocibles del género y el subgénero, en forma de pinceladas distópicas, escenografías de space opera y replanteos existencialistas que nacen de doblar los límites de la realidad en el espacio más profundo. Pero lo que hace de éste un libro entrañable es la cuestión que nos hace fundamentalmente personas, y más aún, casi podría decir Argentinos. Es difícil despojarse de la subjetividad a la hora de escribir y, aunque se toma una distancia enorme, hay elementos muy reconocibles en el eje principal temático que nos hermana con las historias. Cosmografía es un libro que habla de la pérdida y el despoje, de la sensación que te queda en las manos cuando te arrebatan algo que preciabas muchísimo y era único e irremplazable, a la vez de no renunciar jamás a la esperanza de que podamos recuperarlo. Ese anhelo de recuperación, esa necesidad de contacto que hay en Cosmografía es lo que hace brillar cada uno de estos relatos, y constituye la voz autora de Laura: donde existe la pérdida, el abandono, el despojo y el saqueo de cosas (materiales o inmateriales), existe el empuje, la esperanza y la certeza de que el mar de posibilidades es tan amplio como para permitir el retorno, el regreso, o la constitución de ese algo que está perdido.

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Cosmografía puede hacerlos estremecer o preguntarse por los parajes que están visitando. Puede que tengan la misma sensación de reflexión con el mate en la mano aunque estén leyendo a astronautas en un rincón lejano del cosmos. Pero lo que sí incita y se encarga de encender este libro, con toda seguridad, es la certeza de que en la búsqueda por lo extraordinario y lo imposible la condición humana y la emoción sirven de brújulas para volver siempre a casa, sea ese el lugar que sea.

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