Hace un tiempo vengo preguntándome cómo puedo hacer para ser lo más imparcial posible a la hora de reseñar lo que comunmente podemos llamar Fanzine, más que nada debido a que muchos de ellos se resumen en colección de ilustraciones (y entonces no puedo contarles más que mi parecer poco instruído al respecto de lo que veo) o en brevísimas páginas donde las reseñas no tienen cómo meterse. Y decidí, para poder hacerlo de una forma… digamos, “justa”, que se hagan tres reseñas de fanzine juntas por post donde, en no más de un párrafo, pueda trasladar todo lo que quiera de cada uno de ellos.

Así que acá va, el primer tríptico:

Wild is the wind – Mirita (Mir Uberti)

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El laburo de Mir es alucinante por donde se lo mire y viendo el trabajo que haga. Desde hace relativamente poco que la cruzamos en alguna CBB a ella y a toda la cofradía de Blackbird, zines & things, que hacen, editan, ferian y agitan cosas maravillosas. Este fanzine en particular tiene cierta nostalgia otoñal propia de ese alien llamado Bowie (a quien de alguna manera está dedicado) y nos muestra, en secuencias simples de leer, que las emociones pueden ser un pozo profundo del que abrevar para contar una historia. También nos conecta directamente con una canción y, si nos dejamos permear por ese acto de lectura más propio de la poesía que de la prosa, que vibramos en sintonía con esa necesidad de amor, de que nos despeinen y despeinar a otros. Porque así es el viento: salvaje.

Como bonus track, acá va el tema del que se extrae el aceite que es Wild is the wind, de Mirita.

 

La sombra del altiplano – Sukermercado (Paula Suko)

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Quienes me conocen saben que soy super manija y que no aguanto en contarle las cosas que me emocionan a la gente. Bueno, este librito fue y es una de ellas. Sukermercado es una autora que, también, vengo leyendo hace relativamente poco y pertenece a una gestalt autoral que me interesa mucho y disfruto bastante de leer. Quizás porque Paula trabaja con temáticas sólidas y presentes sin dejar de internarse en el medio de los montes de la ficción. Quizás porque los diseños de página son un placer de leer y sus personajes tienen un dinamismo impreso de tal forma que parecen  a punto de abalanzarse sobre nosotros, lectores, todo el tiempo. No lo sé. Sólo sé que este fanzine es una historia cruda y poderosa, de esas que están diseñadas para movilizar algo, y que ha sido editada por  Barro editora, un sello al que le vamos a seguir la pista como detective privado.

El chancho del espacio – Fulgi/Mendoza

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Es muy fácil perder el objetivo de vista, metidos en el mundo loco en el que nos metemos, de por qué hacemos lo que hacemos. La rutina, el deber-ser y un racimo de malas vibras nos peinan siempre hacia el lado más aburrido y burocrático de la vida. Bueno, El chancho del espacio de Fulgi-Mendoza es un antídoto para eso y es, de alguna forma, la tarjetita para salir de la cárcel del Monopoly. En un tiempo en el que un pensamiento recurrente es el qué dirán o qué obtengo yo a cambio de lo que hago, donde nos manejamos con términos mercantilistas hasta dialogando con nosotros mismos, una historia simple y apabullante llega al rescate. Está trabajado de tal forma que podría ser un cuento de Lamberti si se inclinara hacia lo siniestro o uno de Laiseca si se abusara de lo grotesco. En cambio nos saca a bailar con supuestos y nos muestra que hasta pueden caer lechones de los abismos siderales del cosmos. Edita, como no podía ser de otra manera, Faro Negro.

 

Bueno, eso fue todo para el primer tríptico. Nos vemos la próxima que existan tres reseñas tres de tres fanzines tres.